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En resumen
Existe una droga legal en el mundo del marketing digital. Se llama adquisición. Cada nuevo registro, cada lead capturado, cada instalación de app produce una descarga de dopamina corporativa que justifica presupuestos, llena reportes y mantiene contentos a los inversionistas.
Existe una droga legal en el mundo del marketing digital. Se llama adquisición. Cada nuevo registro, cada lead capturado, cada instalación de app produce una descarga de dopamina corporativa que justifica presupuestos, llena reportes y mantiene contentos a los inversionistas.
El problema es que esa métrica, tomada en aislamiento, es una mentira bonita.
En México, el costo promedio de adquisición de un cliente en e-commerce se ha duplicado en los últimos tres años. La competencia por atención en Meta y Google se intensifica cada trimestre. Y mientras tanto, la mayoría de las empresas siguen volcando el 80% de su presupuesto de marketing en llenar la parte superior del embudo, sin preguntarse qué pasa con todo lo que se derrama por abajo.
Hagamos un ejercicio simple. Toma el total de clientes que adquiriste el año pasado. Ahora revisa cuántos hicieron una segunda compra. Si la respuesta es menos del 30%, tienes un problema que ningún incremento en paid media va a resolver.
Rappi aprendió esto temprano. Su modelo de suscripción RappiPrime no fue un capricho. Fue la respuesta a un cálculo brutal: el costo de adquisición de un usuario nuevo era tan alto que solo resultaba rentable si ese usuario hacía al menos 8 pedidos al mes. La suscripción era la única forma de garantizar esa frecuencia.
Mercado Libre entendió lo mismo con Mercado Puntos y su ecosistema de servicios financieros. Cada producto adicional que un usuario adopta reduce la probabilidad de abandono exponencialmente. No es casualidad. Es ingeniería de retención.
La razón es más cultural que técnica. En el ecosistema empresarial mexicano, el equipo de ventas es el héroe y el equipo de customer success es el departamento al que llegan las quejas. Hay un sesgo profundo hacia lo nuevo: nuevo cliente, nuevo mercado, nuevo producto. Lo existente se da por sentado.
Este sesgo se refleja en cómo se estructuran los equipos. Conozco empresas con 15 personas en el equipo de adquisición y media persona dedicada a retención. Literalmente, alguien que además de otras funciones manda un email mensual a la base de clientes. Y después se preguntan por qué el churn no baja.
La otra razón es la falta de infraestructura de datos. Para retener bien, necesitas saber quién está a punto de irse. Necesitas modelos predictivos de churn, segmentación por comportamiento y triggers automatizados que actúen antes de que el cliente tome la decisión de abandonar. La mayoría de las empresas en México no tienen esa capacidad. No porque la tecnología no exista, sino porque nunca fue prioridad.
La primera es la más obvia y la más ignorada: la experiencia post-venta. En un mercado donde la desconfianza es el default, cada interacción después de la compra es una oportunidad de construir lealtad. Coppel lo hace bien con su modelo de crédito y seguimiento. Liverpool lo hace bien con su programa de puntos integrado. No necesitas ser una startup para pensar en retención.
La segunda es la personalización real, no la personalización de powerpoint. No hablo de poner el nombre del cliente en el asunto del email. Hablo de recomendar productos basándote en su historial de compra, de ajustar la frecuencia de comunicación según su nivel de engagement, de ofrecer condiciones diferenciadas a clientes de alto valor antes de que las pidan.
La tercera es crear costos de cambio positivos. No estoy hablando de contratos forzosos o penalizaciones. Hablo de construir ecosistemas donde cada servicio adicional hace más valioso al anterior. Clip lo hace cuando un comercio empieza usando la terminal y termina usando su plataforma de préstamos, su dashboard de analítica y su sistema de facturación. Salirse de Clip ya no es desinstalar una app, es desmantelar una infraestructura.
Si tuvieras que elegir una sola métrica para medir la salud de tu negocio, no sería el número de leads ni el costo de adquisición. Sería la tasa de recompra a 90 días.
Esta métrica te dice algo que ninguna otra puede: si tu producto o servicio es lo suficientemente bueno como para que alguien regrese voluntariamente. Sin descuentos de emergencia, sin remarketing agresivo, sin que un vendedor llame para presionar. Si la respuesta es no, tienes un problema de producto, no de marketing.
El CAC solo te dice cuánto pagas por una primera cita. La tasa de recompra te dice si hay relación.
El growth marketing se ha trivializado. Se ha convertido en un sinónimo de hacks, trucos y atajos. Pero las empresas que realmente escalan en México y en LATAM no lo hacen con trucos. Lo hacen con disciplina operativa, con obsesión por el cliente existente y con la humildad de reconocer que adquirir sin retener es llenar una cubeta con agujeros.
Nu México no se convirtió en una de las fintech más relevantes del país por su marketing de adquisición, que es bueno pero no excepcional. Se convirtió en referencia porque sus usuarios existentes no se van. Y no se van porque la experiencia es consistentemente mejor que la alternativa.
La próxima vez que alguien en tu empresa proponga aumentar el presupuesto de adquisición, haz una contrapropuesta. Toma la mitad de ese incremento y destínalo a entender por qué tus clientes actuales se van. La respuesta a esa pregunta vale más que cualquier campaña de performance.
ISDI México
El equipo editorial de ISDI México analiza las tendencias que están redefiniendo los negocios digitales en Latinoamérica, con foco en inteligencia artificial, growth y transformación digital.
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